domingo, 21 de agosto de 2016

I can't seem to face up to the facts
I'm tense and nervous and I can't relax
I can't sleep 'cause my bed's on fire
Don't touch me I'm a real live wire
Psycho Killer
Qu'est-ce que c'est
Fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-far better
Run run run run run run run away oh oh
Psycho Killer
Qu'est-ce que c'est
Fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-far better
Run, run, run, run, run, run, run, away oh oh oh
Yeah yeah yeah yeah!
You start a conversation you can't even finish it
You're talking a lot, but you're not saying anything
When I have nothing to say, my lips are sealed
Say something once, why say it again?
Psycho Killer
Qu'est-ce que c'est
Fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-far better
Run run run run run run run away oh oh oh
Psycho Killer
Qu'est-ce que c'est
Fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-fa-far… Letra completa en Google Play
<div style="background-color: white; color: #252525; font-family: sans-serif; font-size: 14px; line-height: 22.4px; margin-bottom: 0.5em; margin-top: 0.5em;">
<b>xxx</b>&nbsp;es una situación que define la convicción xxx xx xxxx xxx xxxxxxx xx xxxxxxxxxx xxx xx xx(x)x xxuxxto x x sxxx XXXXXXXXX, xxx xx xxx xxxxx xx xxxxxx xxxxxx xxx xx xxxxxxxxx, xxxxx x xxx _______ ---- _____ persona ___ ---- al que siente pertenecer. _____ característica por presentar una discordancia entre la&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Identidad_de_g%C3%A9nero" style="background: none; color: #0b0080; text-decoration: none;" title="Identidad de género">identidad de género</a>&nbsp;y el sexo biológico.<sup class="reference" id="cite_ref-Fiorini_1-0" style="line-height: 1em; unicode-bidi: isolate; white-space: nowrap;"><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/%20xxxxxxxxxx%20#cite_note-Fiorini-1" style="background: none; color: #0b0080; text-decoration: none;">1</a></sup></div>
<div style="background-color: white; color: #252525; font-family: sans-serif; font-size: 14px; line-height: 22.4px; margin-bottom: 0.5em; margin-top: 0.5em;">

______________________________________________________________________________________________________________________________________________________ Una persona "2 es aquella que encuentra que su&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Identidad_" style="background: none; color: #0b0080; text-decoration: none;" title="xx xx">ixx xxl</a>&nbsp;está en conflicto ________conocido vulgarmente  de "<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/XXXXXXXXXXX" style="background: none; color: #0b0080; text-decoration: none;"></a></div>
<div style="background-color: white; color: #252525; font-family: sans-serif; font-size: 14px; line-height: 22.4px; margin-bottom: 0.5em; margin-top: 0.5em;">
<b>xxx</b>&nbsp;es una situación que define la convicción xxx xx xxxx xxx xxxxxxx xx xxxxxxxxxx xxx xx xx(x)x xxuxxto x x sxxx XXXXXXXXX, xxx xx xxx xxxxx xx xxxxxx xxxxxx xxx xx xxxxxxxxx, xxxxx x xxx _______ ---- _____ persona ___ ---- al que siente pertenecer. _____ característica por presentar una discordancia entre la&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Identidad_de_g%C3%A9nero" style="background: none; color: #0b0080; text-decoration: none;" title="Identidad de género">identidad de género</a>&nbsp;y el sexo biológico.<sup class="reference" id="cite_ref-Fiorini_1-0" style="line-height: 1em; unicode-bidi: isolate; white-space: nowrap;"><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/%20xxxxxxxxxx%20#cite_note-Fiorini-1" style="background: none; color: #0b0080; text-decoration: none;">1</a></sup></div>
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______________________________________________________________________________________________________________________________________________________ Una persona "2 es aquella que encuentra que su&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Identidad_" style="background: none; color: #0b0080; text-decoration: none;" title="xx xx">ixx xxl</a>&nbsp;está en conflicto ________conocido vulgarmente como operación de "<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/XXXXXXXXXXX" style="background: none; color: #0b0080; text-decoration: none;"></a></div>

miércoles, 24 de febrero de 2016

Punto cero / Harvey; la compresión espacio-temporal

Las de estos dos capítulos son verdades complejas. Tanto que, a pesar de estar enunciadas de manera fluida y didáctica, se le pueden escapar al lector por los bordes de la comprensión; demasiada información, demasiados datos. Hay algo de retroalimentación en todo esto. Siente uno que lee algo así como un eco de Benjamin o de Omar Calabrese, pero no es posible confirmarlo. Es como un ruido de fondo, no el ruido inquietante de las novelas conspirativas norteamericanas sino el ruido de lo ya experimentado; como si operara, de manera subliminal, el mantra “esto ya lo sabía”. Sin embargo, cuando una música suena y nos gusta, es porque reconocemos en ella algo ya escuchado. Cierto grupo musical, cierto cantante nos atrae porque en el fondo siempre repite la misma fórmula. Incluyo estos dos capítulos de Harvey en mi repertorio de textos a citar una y otra vez.

En todo caso, sigue siendo una pieza difícil, como puede serlo cualquier jazz. Intenta el escucha seguir el ritmo pero tarde o temprano se entrega. La descripción de las causas de la compresión espacio-temporal durante el modernismo me recuerda los frenéticos gritos del saxo de Bird: todo al mismo tiempo, relatos fracturados y simultáneos que ponen en crisis la comprensión del relato cotidiano: primero me levanto, voy al baño, me cepillo los dientes… En el mundo que se expande con el ferrocarril y el telégrafo, con los barcos a vapor y las nuevas tecnologías que al abrir canales achican el mundo, este tiempo-espacio del principio, medio y desenlace  se pone en duda. ¿Cómo esperar al final si este se nos abalanza a la velocidad del Ford modelo T? No hemos digerido (no acababan de digerir los pobres andantes de la ciudad luz el inventario de las vitrinas cuando ya los ataca otro más, de antigüedades yuxtapuestas que ostentan su precio. Es repetir lo que ya se dice en el texto sobre Flaubert, que intenta expresar aquel vértigo, aquella simultaneidad que un Picasso resuelve con el cubismo: todo al mismo tiempo, y por lo mismo, concentrado en un cuerpo fracturado que no sufre, porque su naturaleza es la ruptura. La de-construcción de la escultura egipcia, de la escultura griega ideal, de formas eternas. Ya hay algo de movimiento en esas esculturas, algo de serpientes mordiendo los tiernos cuerpos de los hijos de Laocoonte, pero aún hay un orden; una mesura. En cambio, en el cubismo las coyunturas que dan razón al brazo, al antebrazo, al muslo y a la pantorrilla enloquecen. Es como un juego del lenguaje, una búsqueda de formas de expresión, pero este juego es neurótico. Fractura las nacionalidades, atomiza las costumbres.
Todo es una máquina óptima, una máquina que hace estallar al capitalismo en miles de brazos que se extienden desde Europa hacia nuevas colonias en África. Esta máquina de vapor que produce armas en serie y barcos de guerra también posee los cuerpos que para ser dinámicos, fuertes, productivos, recurren a ciertas sustancias; como la máquina, necesitan lubricarse, cargarse de combustible para pensar óptima y productivamente; es el detective Sherlock que para ganarle a los relojes y ver toda la escena del crimen y el crimen incluido aspira cocaína. Los grandes empresarios y los políticos también lo hacen; son máquinas de producir expansiones mercantiles y políticas aduaneras para legislar sobre el aquí y ahora, sobre el espacio diluido en el tiempo. Controlar este espacio fluyente, efímero, inestable, es controlar los mercados y los territorios. Entre más se globalizan los negocios y las fronteras, dando la impresión de que todo es unidad, surge la necesidad de establecer las diferencias, los privilegios, las zonas estratégicas. ¿Hasta dónde llegan las fronteras nacionales?
Finalmente, las máquinas terminan la producción de armas y barcos de guerra; es hora de defender las nuevas colonias, los nuevos nacionalismos que al expandirse desterritorializan el espacio; atomizan las culturas locales.

Pero si el mundo comienza a encogerse durante el modernismo, es en el posmodernismo que la compresión espacio-temporal encuentra su clímax. De nuevo, corro el riesgo de accidentar las palabras para decirlo todo y no decir nada. Por eso preferiría componer el relato ficcional de la posmodernidad (acaso también el de la modernidad, en clave de Modernismo con mayúscula, desde esta aldea enclavada en las alturas andinas, con un José Asunción Silva desesperado, al borde del suicidio porque aquel estruendo de máquinas, aquellos pasajes y bazares que exaltaron a Baudelaire y fruncieron el entrecejo de Flaubert no llegaron nunca, porque después de haber probado el delicioso y aterrador movimiento del Ditirambo de Dionisos le tocó volver a La Patria a contemplar los burros de Don Gonzalo, envuelto en una ruana con complejo de capa castellana), cuyo protagonista tiene que ser una artista audiovisual concebida en el interior de un ordenador: Lucrecia Daphne, Anarquista Audiovisual, se traga todo entero, imágenes, sonidos, modas, y luego las escupe como en un corte y pegue. Así llena las galerías, con videoinstalaciones donde solapa imágenes en movimiento de tropas paramilitares con escenas en blanco y negro de Bajo el cielo antioqueño. Sus ataques urbanos, armada de proyectores y volantes, generan y tumban modas e ideologías a la velocidad de un mega-parsec. Su David de Miguel Ángel  es en tres colores (rojo, verde y azul) saturados de granos de interferencia, totalmente reproductible; los curadores acumulan copia tras copia con nostalgia mercantilista: “¡El viejo arte, el viejo arte!”. 
Pero del viejo arte solo queda la copia fidelísima, el yeso lacado sobre la mesa de juntas. El viejo acumulador de antigüedades, atrapado en alguna calle de París, no sale de su asombro cuando visita el almacén de productos chinos; los jarrones encostrados de podredumbre en el sótano de su tienda (donde él mismo yace muerto) se venden ahora al por mayor; decoran restaurantes baratos y burdeles temáticos. Y Lucrecia Daphne, feliz con su cámara digital, registra imágenes que postea en el Facebook, en el pinterest, en el blogspot. Cada una sepulta a la otra con velocidad de flujo. La cultura muere de incontinencia urinaria.

Ramos Sucre



Huberman: me hace reflexionar sobre la idea de la historia como memoria: casi una intuición sobre el alma de las cosas, allí donde brillan, por un instante. Por eso me detengo frente a las casas de los barrios viejos; contemplo sus fachadas y pretendo que se abra la grieta, que el ventanal oscuro me lance aquel rayo revelador.

Siento el alma romántica en estas descripciones sobre Benjamin (y en Benjamin mismo): la revelación divina, telúrica, la experiencia de lo sublime que ocurre en un instante; en el instante del rayo que baña en plata las ruinas del castillo o la piedra encumbrada. Son las pinturas de Caspar David Friedrich; la travesía de Jonathan Harker, en la versión de Drácula de Herzog, contemplando las cumbres que se revelan por momentos tras la niebla. Y la presencia misma de Nosferatu, que es en sí mismo una ruina, una supervivencia que habla desde el sueño (que es pesadilla).

Tomado de: https://45.media.tumblr.com
Alcanzo a entender, ya casi del todo, por qué la obra de Ramos Sucre se relaciona con todo esto; es como si el poeta venezolano quisiera decir lo indecible de su presente desde una periferia literaria que es en sí misma una ruina, una supervivencia que habla, como si el fantasma irredento (paisaje literario) se presentara “vestido” con las ropas con que fue enterrado, para realizar su rutina de cuando estaba vivo. Es allí, creo, donde salta la chispa dialéctica: entre el paisaje sombrío que rodea la casa de Usher, descrita como una ruina de Friedrich, escavada en el suelo por el arqueólogo/poeta, y el susurro de lo indecible (Juan Vicente Gómez/monstruo).

Casi que no podría elegir un fragmento del texto que me llame la atención, porque esta lectura ha sido como un desciframiento. He debido escribir en mis palabras casi todo. Podría, mejor, intentar el siguiente parafraseo, seguido de una de mis interpretaciones:

Hay que ser coleccionista de cosas y de trapos del mundo. Como un niño al que cualquier cosa le sirve para iniciar una nueva colección. Este es el historiador materialista. Para él el despojo es un síntoma de la ignorancia: o sea, verdad de un tiempo reprimido. Pero también el lugar mismo y la textura del contenido de las cosas, del trabajo sobre las cosas. Aquel aire gastado, como tallado a mano por un artesano de Las Nieves cuya sepultura nadie podría rastrear. Y como el aire eran también las porcelanas, el paño de los asientos, las cortinas y el rostro septuagenario del dueño.

martes, 23 de febrero de 2016

Ciudad/fragmento

Modernismo: se me ocurre pensar en la novela moderna como espejo de la ciudad. Recurro a Bengamin y, por supuesto, a Baudelaire, a Poe, a Cortázar (yo diría, hijo de los dos primeros), a los autores ingleses que mudaron el cuento fantástico al centro de Londres, entre tantos otros. En ella -en la ciudad- está el material, los insumos para componer la novela y la poesía modernas.
Posmodernismo: ¿Qué significa posmodernismo en un país como Colombia? ¿Cómo opera?… Acaso como la madre sobre la hija preadolescente: “…a esa niña la maduraron muy biche -dicen las vecinas- muy verde”. El trauma de tener que ser posmodernos sin modernidad. En Bogotá, por ejemplo, solo hubo algunos brotes de arquitectura moderna, aquí y allá: los barrios La Soledad y La Cabrera… algunos edificios institucionales; la Universidad Nacional… Y uno que otro arquitecto europeo o discípulo de Le Corbusier. No percibo que haya habido una sobreproducción de elementos modernistas; más bien una especie de flaco arribismo moderno.
Pero es probable que exista una especie de posmodernismo cojo, defectuoso, ortopédico, entendido como hipermodernidad, “donde todo se ha acelerado merced a la comprensión espacio-temporal”. Sin embargo, esta comprensión, dadas las características de nuestra cultura -que todo lo tuerce o barroquiza, hasta hacerlo desaparecer bajo muchas máscaras- resulta en una especie de monstruosidad sietemesina. O, de nuevo, la niña que madura verde tratando de entrar a la fiesta del Night Club de moda.

Viendo los documentales sobre los años sesenta descubro (con algo de vergüenza: he leído tanto que solo me ha quedado lo que dice un programa de televisión) que Latinoamérica no aparece allí. Apenas se ve a Cuba, pero como punto estratégico de la Guerra Fría; como el patio trasero de Estados Unidos donde los rusos instalaron unos cuantos misiles.
La Guerra de Vietnam y la Guerra Fría describen procesos de crisis en la “ideología liberal”. Sin embargo, en nuestro contexto latinoamericano, esta crisis podría entenderse más como un coletazo de la ballena, un eco tardío; como un cuento que viene de lejos y es preciso re-interpretar, reescribir… Un día se abrió el cielo y empezaron a caer electrodomésticos, guitarras eléctricas, páginas de revistas y de periódicos que hablaban de una guerra cerca de China. Entre todos, tomamos aquella basura y creamos nuestra versión de la contracultura. Mientras tanto, a Víctor Jara le cortaban las manos y Fidel Castro ayudaba a crear el ELN, entre otras. Pero nadie sabía nada al respecto.





“La experiencia del espacio” o “El espacio es un proceso continuo de producción de lugares”:

Bogotá es una ciudad que es muchas ciudades; por lo menos tres. La primera, está habitada por la clase alta, media-alta y media. Es una ciudad compuesta por muchos mapas. Cada mapa lo crean diferentes tipos de personas, según los usos o necesidades. Por lo general, todos los mapas de esta primera Bogotá pasan por la Carrera Séptima y terminan en las sedes de las universidades privadas, en las zonas comerciales, en los edificios de oficinas privadas y públicas. Otro mapa lo componen los trabajadores del servicio público y los personales de planta de todo tipo de oficinas: secretarias, cajeros de banco, oficinistas, tinterillos, patinadores del Congreso…
La segunda Bogotá, tal vez más grande que la primera, está compuesta por las clases populares. Por la masa irredenta (como dice Fidel en su La historia me absolverá), cuyo único mapa se extiende por todo el sur y tiene su extramuros en el interior de la primera: mensajeros, aseadoras y aseadores, vendedores ambulantes, choferes de bus… Sus destinos son los lugares que las clases altas (alta, media alta y media) crean y habitan.
Aún hay otra ciudad, otra Bogotá con sus propios mapas, y es la de los comerciantes, la de los dueños de las ferreterías, almacenes de calzado y ropa, pequeños y medianos supermercados, talleres mecánicos en donde se reparan los autos de las clases altas… Esta ciudad se ubica en el suroccidente. En esta ciudad no hay huecos en las calles, no hay indigentes, y los barrios residenciales son amplios y apacibles. Sus habitantes son los llamados ricos del sur.

Cada una de estas ciudades tiene sus propios códigos, significaciones, saberes, espacios simbólicos y cotidianidades.
En todo caso, existen más ciudades; existe la Bogotá de la cultura y el arte, que se sustenta en ciertos imaginarios de bogotaneidad, inoculados por las diferentes alcaldías o por las instituciones de recreación y deporte. También ayudan a construir estos imaginarios la sociedad del espectáculo y la industria del entretenimiento (cines, restaurantes, bares, discotecas, telenovelas, noticieros). Durante la última alcaldía surgió en Bogotá una especie de bogotanismo que creó dos bandos en conflicto. El campo de batalla fueron las redes sociales, como en una especie de Bogotá mediática y cibernáutica con sus equivalencias en la realidad.

Tal vez sí, un poco de posmodernidad:

Si el posmodernismo arquitectónico consiste en, como dice Harvey en su libro La condición de la posmodernidad, la concepción de un tejido urbano fragmentado, donde las formas del pasado se superponen en un collage de tradiciones vernáculas, historias locales, necesidades, requerimientos y fantasías particulares (Harvey, p. 85), Bogotá, en general, es muy posmoderna. La vieja arquitectura le ha cedido el espacio a una suma vergonzosa de edificios con balcones tropicales, y enyesados que quieren ser réplicas de frisos griegos o columnas dóricas, cuando no son los simples rectángulos de ladrillo con pequeñas ventanas y paredes ultra-delgadas. Es como si de los arquitectos e ingenieros se hubiera hecho terratenientes, paperos y esmeralderos viajados por las Europas, o simples empresarios de finca raíz. 

domingo, 24 de enero de 2016

Notas para una teoría sobre ciberliteratura (Discurso antillano, poética de la relación, de Édouard Glissant)

Es probable que los otros textos vistos en clase también contengan información adecuada a mi tema de tesis, pero encuentro este bastante provocador. Siento que lo que el autor argumenta sobre la poética de la relación puede adaptarse para componer una definición de lo que podría entenderse como ciberliteratura.
El tono de Glissant me tienta a parodiarlo; a componer algo así como un manifiesto de la ciberliteratura, de una nueva forma de expresión literaria en pie de lucha contra la escrita en papel, que remplazaría la idea de lo Mismo, opuesta a la ciberliteratura, entendida como lo Diverso.
Seguramente peco en ello, y habrá mil contras, como ocurre con todo veneno. Pero el caso es que me sirve el ejercicio para tratar de fundar una teoría personal sobre el tema.

 Tomado de http://designersgotoheaven.com/
Lo Diverso es un proyecto de relaciones por el impulso de las comunidades, junta de la diferencia consentida (226).  Lo Mismo, en cambio, está compuesto por el im
aginario occidental, siempre impuesto: imposición de valores universales que, sin embargo, han causado la saturación, la aceleración de la historia. Tanta presión ha llevado a las comunidades a desbloquear la necesidad de lo Diverso; es decir, que se “enciende la yerba de todo el continente, las fronteras se besan y se vuelven hermanas”, como al tenor de aquella canción que en los ochentas, a los diez y seis años de edad, no se entendía. Los pueblos antes invisibles realizaron luchas políticas que los llevaron a identificarse ante el mundo, por la necesidad de no desaparecer del escenario mundial, por la necesidad de correr hacia la expansión (227). Ahora son parte del mundo y se les nombra, so pena de un descuartice, “a este cuerpo le faltan dos piernas”. Las luchas políticas a golpe de fusil que el autor invoca, por fortuna, operaron el “rescate” de las tradiciones y la literatura oral.
Mi sacrilegio consiste en proponer que la ciberliteratura operaría, como lo Diverso, contra la idea clásica de la literatura misma (lo Mismo). Esta nueva y revoltosa literatura de flujos operaría el desmonte de la maquinaria del sistema determinado, la revelación de “mecanismos ocultos”, la desmitificación. De igual manera, operaría la sacralización, la reunión de la comunidad (esa masa informe de cibernautas con algo de nube literaria que acechan en la noche digital) alrededor de sus mitos, “sus creencias, su imaginario o su ideología”, digo yo, compuesto entonces, qué curioso, por toda una biblioteca impresa de ciencia ficción, desde Bradbury hasta Philip K. Dick y William Gibson. Incluyo en ese acervo al cine y la televisión, desde Zafiro y Acero hasta Matrix. Lo anterior no entre antillanos alzados en armas sino entre ciberpunks armados de teclado y pantalla LSD, dispersos en todo el mundo, luchando por la emancipación de su expresión. La brevedad neurótica del twitter (en esta lucha) es tan necesaria para los periodistas de Caracol como los arrebatos inspirados de la bloguera, porque, como afirma el autor “esas literaturas no tienen tiempo para evolucionar armónicamente desde el lirismo colectivo de Homero hasta las ásperas disecciones de Beckett. Tienen que asumir todo de una vez: la lucha, la militancia, el arraigo, la lucidez, la desconfianza en sí mismo, el amor absoluto, la forma del paisaje, la desnudez de las ciudades, las superaciones y las obcecaciones” (228 – 229).
No abruma el hecho del paso de lo escrito a lo oral, o en la torcedura que compongo, el paso del papel al efímero flujo de la Red. Y aplico lo siguiente: “Estoy por creer que lo escrito es la huella universalizante de lo Mismo, ahí donde lo oral sería el gesto organizado de lo Diverso” (229). No es que piense en alzarme con el kalaknikov en contra de lo escrito, pero dada la urgencia del manifiesto, pues recurro al juego, al como si...
Imagino entonces la revancha de la ciberliteralidad, el alzamiento de tantas comunidades ciberliterarias que, por el hecho mismo de su  ciberliteralidad, “es decir, su no-inserción en el campo de la trascendencia, han padecido, sin poder defenderse, el ataque de lo Mismo”. No abogo por esa utopía digital que plantean algunos teóricos, que ven poética en cualquier clic. Pero ayuda, en la proeza, el hecho de que “Hoy día lo oral (la ciberliteratura) puede preservarse o transmitirse (por ser flujo), hasta de un pueblo a otro. Puede ser que lo escrito (lo impreso) se convierta cada vez más en la medida del archivo, y que la escritura (lo impreso) quede reservada al arte esotérico y casi alquímico de algunos.
Estos nuevos escritores de lo efímero irrigan la expresión literaria en el flujo de la Red, liberándola hacia una “labranza” de comunidades cibernéticas en lo Diverso, que abre los países, contra todo nacionalismo terco, contra todo claustro suburbano.
Como en ese lenguaje nacional que describe el autor, en mi pastiche, operan las lenguas de la calle y todas las lenguas del mundo, maternas o bastardas, como surgidas a la luz planetaria tras la guerra. Búsquese el original en la pág. 232: son lenguas de lo cibernético/flujo de red… ¡Existen tantas cibertribus! Porque dentro de las ciudades hay ciudades como pueblos emancipados por el teclado del nerd, del hacker, del cibernauta insomne. Guerrillas ciberliterarias liberando, visibilizando las lenguas tribales en pie de guerra contra el imperio de lo Mismo. Lenguas amenazadas convertidas en armas de combate: imagino barricadas, como las de la bohemia y los proletarios en la París de Hausmann, hechas de pixeles y mensajes de twitter. Ciberpunks al acecho “como los puertorriqueños con el español contra el angloamericano” (232).
Esta literatura efímera es como el rizoma: “acepta lo inconcebible del otro: el brote nuevo siempre posible, que está al lado” (236). Muy pero muy lejos de las reinterpretaciones, opiniones, denuncias, reescrituras, gif, twitter, tumblr, Facebook, pinterest, worldpress, persiste el eco del primer texto. Asombro del bibliotecario: “ese libro no lo sacan nunca”.
Y si la naturaleza de la ciberliteratura es la inestabilidad absoluta, se hace realidad que lo escrito ya no es ley, ya no viene de arriba, ya no es sentencia, ya no fija jerarquías, ya no es privilegio de maestros. “El papel ha muerto”. De nuevo, no es fanatismo. Amo los libros impresos; tengo cientos; y cada vez que puedo, compro más… sobre todo de segunda.

Cuando Glissant habla de la epopeya de Chaka, no puedo evitar encontrar, de nuevo, argumentos para encarnar mi proyecto. Tal epopeya “no se refiere al origen de un pueblo ni a su historia reciente. No implica un mito fundacional” (275). Así sería la epopeya del ciberpunk, pegado a su pantalla. Como los cantos africanos, no versa sobre naciones o establecimientos de fronteras; no puede parecerse a la Ilíada o a la Odisea, y tampoco al Cantar de Roldán. Si debe haber un mito, será sobre esos antecedentes que bosquejo más arriba, suma de libros, películas y series de televisión. Como se trata de acciones rebeldes, es claro que la ciberliteratura estaría escrita en clave. Crónicas ocultas en códigos, como las memorias secretas que el colonizador obliga a cantar en voz alta, prohibiendo “el susurro, el palabreo del fuego sagrado”.
Si no es la Ilíada, ni la Odisea, ni El Cantar de Roldán, entonces será una prosa sin sobresaltos, que no deslumbra sino que envuelve al lector/escritor, lo conduce a través de los espesores acumulados donde poco a poco va dibujándose el proyecto”, que es la construcción inconclusa de la ciberliteratura.

Tomado de http://retro-futurism.livejournal.com/
La militancia de Glissant resulta útil para explicar que por ser inasible, la ciberliteratura se torna comunal. No puede ser privada sino común: “junto al recorrido propiedad privada/dignidad de la persona/indecible poético, yo he colocado (…) indivisibilidad de la tierra/dignidad de la comunidad/explicación del canto” (278). Los flujos de red, como el agua de un río, son indivisibles. No se pueden jerarquizar, se oponen a los géneros literarios, pues están compuestos en clave de redes sociales como Facebook, twitter, pinterest… No hay manera de detener este flujo, dentro del cual puede ocurrir la poética de la duración. No es el poema de Rimbaud o de Mallarmé, pero sí se reescritura con mala ortografía y problemas de ecdótica. Lo indecible también ocurre allí, pero inevitablemente en un torrente mestizo, sin origen único, compuesto por mil pareceres, por cien mil dedos bailando sobre cien mil teclados. Por eso, tampoco hay guardianes ni continuadores puristas. No hay filiaciones, no hay herencias. Sólo caben las sátiras del Génesis. Ironía y sarcasmo en una poética mestiza no lineal, sin principio, ni medio ni desenlace: “Te conozco pero no sé dónde vives”; “te pusiste morenito porque te dejaron mucho tiempo al sol en Tierrabomba”.
¿Cómo hacer ciencia de esto? Glissant nos dice que en las poéticas de la relación es imposible generalizar con estatutos y definiciones de roles (282). Lo que hay se revela como totalidad relativizada: “Yo soy quién sabe cuántos”. No hay manera de contener los flujos de red (que son duración y relación perpetua) en la idea del Uno. La poética de la Relación se da en conjunciones, en una labranza de evidencias, en un campo de inadvertencias donde somos el fondo revuelto. “La Relación es solo y siempre relevo” (283). Así que “blanco ni el zapato, y negra ni la media”.